El temor a la desconexión

Todas las mañanas, para ser honestos, soy de los que abren los ojos como abro mi celular. Van de la mano. De hecho, puedo tener los ojos medio abiertos, pero alcanzo a ver mis notificaciones, que durante la noche, mi teléfono inteligente acumula. Es una actividad que se ha repetido desde la inclusión de esta tecnología. Desde mensajes de Whatsapp, Facebook, Twitter, correos electrónicos, y ahora para muchos, Snapchat, Vines y puedo seguir con la larga lista de aplicaciones, que a buenas y a primeras, nos han “conectado” ferozmente con las personas. En ocasiones es hasta extraño no recibir alguna notificación en el transcurso del día, o para ser más frívolos, en un hora. Inmersos en el laberinto de las comunicaciones, sin escape. ¿Cuántas veces te has frustrado porque no tienes celular?, ¿cuántas veces te has enojado porque no tienes Internet?. Pese a que se habla mucho de la brecha digital, aquellos que no tienen acceso a la información, los que la tienen, la sobre usan. Yo mismo he estado a punto del tecnoestrés. Es así como vivimos actualmente: con temor a la desconexión.

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