En memoria de ‪#‎BacktoTheFuture‬, a sus 30 años

backtofutureVoy llegando. Aterricé hace unas horas. Vengo de una ciudad no tan tecnológica como la que hoy me encuentro. Desconozco el aparatejo luminoso que hipnotiza a las personas. Se quedan atrapados por sus destellos de insistentes notificaciones. Lo increíble es que no usa cables. Aún así, creo que es un teléfono, pero con más características, no lo sé. De hecho, creo que la gente ya no habla entre si, sino a través de este aparatejo. Los he visto en paradas del camión, en restaurantes, en distintos lugares. El aparatejo sigue a las personas a todas partes. Es omnipresente. En fin, como no encuentro con quién platicar, me regreso a mi época. Síganme los buenos…

The first mobile application with cultural themes in the State of Colima: Cultura Colima

A few days ago I launched at the Ministry of Culture of Colima, the first mobile application with artistic and cultural themes in the State of Colima. This is historic. Since there is a history, much less present on the development of this technology in this area. In turn, as a government agency, it is one of the few that has its own mobile application. The development went to my office. Both design and implementation code. Using PhoneGap/Cardova and many more technologies. Now available for free on App Store, for iPhone and iPad.

As features and functionality of the application:

*News.
* Categories for activity.
*Cultural agenda.
*Courses and workshops.
* Calls.
* Interactive map of cultural spaces.
* Directory officials.
* Transparency Portal.
* Finder information.
*Contact.

La socialización en videojuegos, el antes y el ahora

No recuerdo la edad, tal vez fueron 5 o 6 años, quizás menos. Cuando por primera vez jugué en un local de maquinitas. Había llegado por casualidad. Mi padre quería que me entretuviera un poco. Era uno de esos lugares apretujados de niños y niñas, donde se escuchaba de fondo la música de moda y la de los videojuegos, pero sobre todo, el sonido de la alegría, las carcajadas, los botonazos y las cálidas conversaciones sobre cómo pasar nuevos mundos, escenarios o capítulos. Jugar en sociedad.  No recuerdo verme solo. Siempre había alguien apoyándome en cada partida. Ya sea un amigo, alguien de por ahí, o el clásico que esperaba su turno. Poco a poco los juegos arcade pasaron de moda. En su transición llegaron las consolas. Una de sus ventajas, según comentaba la publicidad, podías jugar desde la comodidad de tu casa. Así lo era. Jugábamos mayoritariamente solos. Gritábamos nuestros éxitos en el vacío de cuatro paredes. A tus familiares les importaba poco que terminarás el Sonic, Mario Bros o el Zelda. Luego, algún businessman, dijo: “¿y si hacemos lo mismo que las maquinitas?. Llevaron las consolas de Play Station y Nintendo 64 en locales para renta. Aquello volvía a la vida social. Pero sólo por poco tiempo. Su éxito fugaz duró mientras las consolas no eran tan accesibles para la compra y adquisición. La época posterior, las consolas y videojuegos se centraron en la solidez como arte visual, en su nitidez y realismo, desafiendo hasta la mítica Ley de Moore. No fue hasta hace unos años, cuando recibimos en nuestros hogares la conectividad a Internet. Facilitó no solamente la accesibilidad a la información, sino fue ventana a múltiples medios, a nuevas formas de comunicación. Se había generado, en síntesis, una nueva cultura, y los videojuegos también se aprovecharon de ésta. Ya jugábamos online. Compartimos y socializamos virtualmente.  Todos estos imparables avances han regenerado a una industria. Una industria que se transforma, se adapta. No agoniza, sino disfruta y acaricia los éxitos. Yo he tratado de hacerlo, pero no es igual. El videojuego, para mí, recae en su valor intrínseco de socialización. Por ello, jamás se repetirá la época dorada del videjuego como con los tiempos del arcade. El boom no lo hizo su arte visual, sino toda la experiencia que rodeaba a éste.

La automatización

Luchamos por obtener la mejor tecnología, sin darnos cuenta que son menos manejables intelectualmente. Durante siglos, hemos creado herramientas para reducir la carga de trabajo, y por consiguiente, facilitar las vidas de las personas. Pero, ¿qué tanto afectará la automatización a nuestras habilidades, destrezas y procesos de pensamiento?